Valldemossa © Foto: Gabriel Lacomba

DARÍO, RUSIÑOL Y VALLDEMOSSA

Sabías que...

En 1902 Santiago Rusiñol y Joaquim Mir recibieron el encargo de realizar unos plafones para el nuevo edificio del Gran Hotel de Palma. Rusiñol hizo treinta paisajes de la Serra de Tramuntana, de los cuales eligió dos vistas del Castell del Rei de Pollença y una de Raixa. El propietario del Gran Hotel sustituyó este último, ya que no se llevaba muy bien con los propietarios de Raixa. Durante su segunda estancia en Mallorca, Rubén Darío tuvo ciertas tentaciones místicas que solo dejaron dos huellas: se fotografió vestido de cartujo y escribió un poema religioso, "La Cartuja".

Bibliografía


Rubén Darío y Santiago Rusiñol escribieron sus respectivas experiencias mallorquinas en sendos libros: La isla de oro, de Rubén Darío, y L'illa de la calma, de Rusiñol. De este último libro hay una edición que recientemente ha publicado la editorial Ensiola, en el año 2005.Una de las mejores monografías sobre Santiago Rusiñol es el libro de Josep de C. Laplana, Santiago Rusiñol. El pintor, l'home, Publicacions de l'Abadia de Montserrat, 1995. El libro de Josep Pla, Santiago Rusiñol i el seu temps, Editorial Destino, 1981, también contiene referencias a las estancias del pintor catalán en Mallorca. Las dos estancias mallorquinas de Rubén Darío fueron estudiadas por Erminio Polidori en su artículo Rubén Darío en Mallorca, publicado originalmente en 1968. Hoy en día puede consultarse en la Biblioteca Virtual del Instituto Cervantes.

Créditos

Diseño: www.lacomba.com
Texto: Jordi Martí
Traducción al castellano: Maria Gené Gil

La historia está repleta de posibles encuentros míticos que no se produjeron, de posibilidades que se echan a perder por la simple razón de que la vida no siempre es como nos gustaría que fuese. Dos de las personas que más amaron Mallorca y, sobre todo, la Serra de Tramuntana, el poeta nicaragüense Rubén Darío (1867-1916) y el pintor y escritor catalán Santiago Rusiñol (1861-1931), fueron coetáneas, pertenecieron al mismo movimiento de renovación literaria y artística, el Modernismo, vivieron largas temporadas en Mallorca, incluso en la misma casa en momentos diferentes, tenían amigos mallorquines comunes, pero no se encontraron nunca en la isla. De hecho, su último encuentro se produjo en Barcelona el 12 de enero de 1914, precisamente después de que Darío abandonara de manera precipitada Mallorca el 27 de diciembre de 1913. Era una cena de homenaje a Rusiñol, en la que se presentó inesperadamente Rubén Darío. Rusiñol hizo que se sentara a su lado y Rubén recitó una cuarteta que había escrito para aquella ocasión: "¡Gloria al buen catalán que hizo a la luz sumisa / jardinero de ideas, jardinero de sol / y al pincel y a la pluma y a la barba y a la risa / con que nos hace alegre la vida Rusiñol!". Pocos meses después, Darío, ya muy enfermo, se marchó hacia América en el que fue su último viaje.

En los jardines de la Cartuja podemos encontrar pequeños recordatorios del paso del poeta y del pintor © Fotos: Gabriel Lacomba

Rubén Darío y Santiago Rusiñol fueron coetáneos, vivieron largas temporadas en Mallorca, pero no llegaron a encontrarse nunca en la isla

En 1913, Rubén Darío vino a Mallorca sin su esposa, Francisca, que se había quedado en París, y se alojó en la casa de Joan Sureda

Rusiñol conocía muy bien la Serra de Tramuntana. Sus estancias, primero en el barrio del Terreno en Palma, y después en Pollença, Cala de Sant Vicenç, Sóller y Valldemossa, inspiraron algunos de sus cuadros más conocidos: vistas de Biniaraix, del Castell del Rei en Pollença o de los jardines de Raixa. La Serra de Tramuntana lo cautivó desde el primer momento y lo impulsó a hacer más frecuentes sus estancias en la isla. De carácter muy extrovertido, Rusiñol entabló amistad con la gente de la cultura mallorquina de aquella época, en especial con el matrimonio formado por la pintora Pilar Montaner y Joan Sureda Bímet. Apasionado por el arte en general, Joan Sureda acogió en su palacio del rey Sancho de Valldemossa a algunos de los escritores y artistas más importantes de principios del siglo XX, como es el caso de Santiago Rusiñol y de Rubén Darío. Como ya hemos mencionado anteriormente, ellos dos nunca se encontraron en Valldemossa, pese a compartir la amistad de Joan Sureda y su esposa, pero sí que se alojaron en la casa del matrimonio mallorquín.

Rubén Darío hizo dos viajes a Mallorca. En el primero, acompañado de su esposa Francisca Sánchez, alquiló una casa en el Terreno durante el invierno del 1906-1907. Darío, viudo de su primera mujer, Rafaela Contreras, fue obligado a casarse con Rosario Emelina por los hermanos de ella, completamente borracho y a punta de pistola. En Madrid conoció a Francisca, hija de un guarda de la Casa de Campo, con la que se casó, aunque tuvo que pleitear durante años para divorciarse de Rosario. En su estancia en Mallorca, Darío trata con Gabriel Alomar, con Joan Alcover y con Joan Sureda y Pilar Montaner. Son unos meses de gran felicidad que convierten la isla en un paraíso para una mente que ya empieza a conocer los estragos del alcoholismo. En 1913, Darío regresó al paraíso, pero ya muy enfermo, desengañado y deteriorado física y emocionalmente. Vino a Mallorca sin su esposa, Francisca, que se quedó en París, y se alojó en la casa de Valldemossa de Joan Sureda. En teoría vieno a desengancharse del alcohol. Si bien es cierto que reencontró una cierta calma espiritual, sufrió cambios de humor, recaídas en la bebida y, finalmente, una crisis de ansiedad tan fuerte, justo después de las Navidades de 1913, que decidió marcharse precipitadamente a Barcelona, donde se reencontró con su esposa Francisca. De Barcelona salió hacia América, donde la enfermedad empeoró. Murió en 1916 en Nicaragua.

Darío y Rusiñol se deberían haber encontrado en Valldemossa. Pero no fue así. La vida muy a menudo no es como debería ser. Ambos nos dejaron testimonio de su amor por la Serra de Tramuntana en sendos libros: La isla de oro, de Rubén Darío, y L'illa de la calma, de Rusiñol.

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