Palmitos en los bancales de Banyalbufar © Foto: Gabriel Lacomba

DEL PALMITO SALÍA LA CUERDA PARA LAS RISTRAS...

Sabías que...

El tomate de ramellet auténtico es de secano, tardío y crece en ramos de cinco frutos. El fruto es pequeño, con mucho color en la pulpa y tiene un sabor muy equilibrado entre la acidez y la dulzura. Recientemente, investigadores de la UIB y de la Consejería de Agricultura y Pesca han registrado casi 200 subvariedades de tomate de ramellet para proceder a su caracterización agronómica y de calidad del fruto. En un futuro, el tomate de ramellet podría disponer de una marca de calidad para protegerlo y distinguirlo de las falsas variedades que le hacen la competencia.

Bibliografía


El Banyalbufar que he conegut
Autor: Jaume Albertí Picornell
Editorial: Documenta Balear
Año de publicación: 2007

Otros
Carbonero, M.A. "L'origen i morfologia de les terrasses de cultiu a Mallorca". En Bolletí de la Societat Arqueològica Lul·liana: Revista d'estudis històrics, nº 40, 1984.

Diversos autores. L'Obra de Palma. Palma de Mallorca: Sa Nostra, 1990.
www.mallorcaweb.net/llatra

Ferrer, S. Impressions sobre l'obra de Palma a Capdepera. Palma: Documenta Balear, 2005.

Socies, A.M. Bases para un estudio transdisciplinario de la tomàtiga de ramellet Lycopersicon Esculentum Mill. variedad local de la isla de Mallorca [edició electrònica]. Universidad Internacional de Andalucía, 2010.

Créditos

Diseño: www.lacomba.com
Text: Elena Ortega
Traducción al castellano: Maria Gené Gil

La aridez del clima mediterráneo durante los meses de verano y las condiciones orográficas llevaron a los antiguos pobladores de la Serra de Tramuntana a tener que agudizar el ingenio para subsistir. Así pues, durante la época islámica, se abancalaron las vertientes de las montañas para ganar terrenos agrícolas y se desarrollaron sistemas para captar y distribuir el agua para el riego.

El paisaje que rodea la población de Banyalbufar es un ejemplo perfecto de ello. Obra de una comunidad andalusina que habitó la zona entre los siglos X y XI, fue conservada y perfeccionada durante los mil años siguientes.

Alberca de la finca de Sa Cova, Banyalbufar © Foto: Gabriel Lacomba

Era habitual que las casas de Banyalbufar tuvieran clavos por todos los sitios, por si las vigas de los desvanes no eran suficientes para colgar las ristras de tomates. Todas las semanas, aprovechando los momentos de viento, las mujeres abrían los desvanes para airearlos

Hoy en día, cuando uno se acerca a este paisaje humanizado y contempla el terreno perfectamente dispuesto, sembrado de huertos maravillosamente cuidados, sorprende ver en las orillas de algunos bancales las formas desordenadas de los garballons o palmitos (Chamaerops humilis). Esta planta silvestre, la única palmera que crece espontáneamente en el continente europeo, se localiza en Mallorca en los dos extremos de la Serra de Tramuntana (Andratx y Pollença) y en la Serra de Llevant. Antaño, sus palmas dieron lugar a una dilatada producción artesanal.

Pero, ¿quién se tomó la molestia de plantarlos y para qué?, se preguntaban algunos botánicos y profesionales medioambientales hasta que supieron, por personas de Banyalbufar, que el palmito se utilizó tradicionalmente para obtener cuerdas con las que guiar los tomates y para hacer las ristras en las que colgar los frutos.

Y es que Banyalbufar vivió una época próspera en la primera mitad del siglo XX, cuando, después de la plaga de la filoxera que acabó con las viñas y su famosa malvasía, dirigió la actividad agraria hacia el tomate y se especializó en el cultivo de tomate de ramellet (variedad de tomates pequeños, que se forman en ramilletes numerosos y que se conservan mucho tiempo colgados en ristras). A lo largo de las décadas siguientes nacieron cooperativas que exportaban quintales de tomates a Barcelona todas las semanas en el vaixell de la tomàtiga (literalmente, "el barco del tomate").

A primera hora de la mañana se recolectaban los tomates y se enfilaban en ristras inmediatamente. Los ramilletes se colocaban dentro de las cajas, protegidos unos de los otros con carrizo o con papel de periódico.

El tomate, que hoy nos parece un clásico de la dieta mediterránea y de nuestra cocina local, procede de América y no llegó a Mallorca hasta el siglo XVII, en que aparece mencionado en el primer recetario de cocina de nuestras islas, obra de fray Jaume Martí.

Hoy, la variedad conocida como tomate de invierno, de colgar o de ramellet es muy popular y apreciada por su capacidad de conservación y por el aroma, el sabor y la cantidad de jugo que tiene. Una encuesta realizada entre los consumidores habituales de tomate de ramellet de las Baleares revela que un 62% come este tomate cada día untado en el pan y ocasionalmente en salsas y sofritos.

Enfilar tomates en ristras no es difícil pero requiere práctica. Los ramilletes se cosen a la cuerda con una aguja, a través del pedúnculo. En Mallorca, se enfila básicamente siguiendo la técnica de la zona del Pla, o la de Banyalbufar, que utiliza una cuerda más gruesa de 5 o 3 cabos.

Otro asunto intrigante: la utilidad de unas pilas de agua en los canales de riego de los bancales de Banyalbufar. Por lo que parece, las palmas de palmito se ponían a remojo en estas pilas y después se azufraban y se deshebraban según el objeto que se quería fabricar: sombreros, soplillos para el fuego, cestas, escobas, posaderos, cuerda para encordar sillas o para atar casi de todo.

Está documentado que las poblaciones que habitaron la Mallorca talayótica ya utilizaron el palmito; constituyen la prueba de ello los restos de palmito trenzado encontrados en Son Serralta de Puigpunyent y en el navetiforme Alemany de Calvià. Cuerdas fabricadas con palmito pudieron servir, incluso, para trasladar troncos y piedras durante la construcción de talayotes; se ha probado que una cuerda de palmito de un centímetro de diámetro puede resistir sin romperse un peso de hasta 200 kilogramos.

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