La Cala de Sant Vicenç © Foto: Gabriel Lacomba

EL BARCO GRIEGO

Sabías que...

Las investigaciones han permitido establecer, por lo menos de manera aproximada, de qué se alimentaba la tripulación del barco, que no era muy numerosa y que seguro que no pasaba de la media docena de personas. La dieta de los tripulantes posiblemente se basaba en los cereales y se complementaba con aceite, vino, especias, legumbres, frutas, frutos secos, miel, carne o pescado en conserva o salazón, etc. En el pecio también se encontraron morteros para moler los cereales y triturar los alimentos, diversos recipientes e, incluso, pequeños braseros para calentar los alimentos y restos de una campana cerámica que seguramente sirvió para cocerlos.

Bibliografía


El vaixell grec arcaic de Cala Sant Vicenç

Autores: Xavier Nieto y Marta Santos

Edición: Museu d'Arqueologia de Catalunya - Centre d'Arqueologia Subaquàtica de Catalunya con la colaboración del Departament de Cultura i Patrimoni del Consell de Mallorca y de la Generalitat de Catalunya Girona, 2008

Se trata de un amplio volumen en el cual han participado, además de los dos autores, unos treinta especialistas en diferentes disciplinas relacionadas con la construcción naval, la navegación en la Antigüedad y diversos aspectos de la arqueología subacuática.

Este libro explica con todo lujo de detalles las campañas realizadas en la Cala de Sant Vicenç. Además, aporta interesantes estudios sobre diferentes campos, especialmente sobre la construcción naval y las cerámicas de la época. Cada capítulo dispone de unas conclusiones que hacen más fácil la lectura a los no iniciados en temas arqueológicos.

Crèdits

Disseny: www.lacomba.com
Text: Bartomeu Homar
Assessorament lingüístic: Àngels Àlvarez

La nave no pudo avanzar mucho tiempo, porque enseguida se presentó el silbante Céfiro lanzándose en huracán y la tempestad de viento quebró los dos cables del mástil. Cayó éste hacia atrás y todos los aparejos se desparramaron bodega abajo. En la misma proa de la nave golpeó el mástil al piloto en la cabeza, rompiendo todos los huesos de su cráneo y, como un volatinero, se precipitó de cabeza contra la cubierta y su valeroso ánimo abandonó los huesos.
Zeus comenzó a tronar al tiempo que lanzaba un rayo contra la nave, y ésta se revolvió toda, sacudida por el rayo de Zeus, y se llenó de azufre. Mis compañeros cayeron fuera y, semejantes a las cornejas marinas, eran arrastrados por el oleaje en torno a la negra nave. Dios les había arrebatado el regreso.

Homer. Odissea. Cant XII

El gran poeta de la Antigüedad nos describe con una precisión casi cinematográfica el naufragio de una nave griega. Si tenemos que hacer caso a la historia literaria, el penoso retorno de Ulises a su patria, Ítaca, fue poco después del año 1200 a.C. y Homero lo debió de escribir hacia el siglo VIII a. C. Los versos que abren este artículo nos ilustran muy bien cómo era un naufragio y son plenamente vigentes para describir lo que vivió la nave griega hacia el año 520-500 a. C., cuando se estrelló contra las rocas en una cala del norte de Mallorca, que hoy llamamos "Cala de Sant Vicenç", en el término municipal de Pollença.

Este barco, con toda la carga, permaneció en los fondos arenosos de la idílica cala hasta 2002. Ese año y durante los dos posteriores se realizaron diversas campañas de excavación arqueológica gracias al convenio que firmaron el Departament de Cultura i Patrimoni del Consell de Mallorca y el Centre d'Arqueologia Subaquàtica del Museu d'Arqueologia de Catalunya. En las campañas participaron un gran número de técnicos y arqueólogos, bajo la dirección de Xavier Nieto. Los frutos de estas investigaciones han sido muchos y provechosos; veamos ahora algunos aspectos.

Así pues, sabemos que se trataba de un barco mercante que procedía o bien de la ciudad de Emporión (Ampurias, en la Costa Brava catalana) o bien de Massalia (la actual Marsella, en Francia). La presencia de un número significativo de ánforas ibéricas refuerza la hipótesis de que este barco, después de salir de su puerto de origen (Emporión o Massalia), fue costeando el golfo de León y la costa de Levante de la península Ibérica hasta que atravesó el mar Balear para llegar a las costas occidentales de Mallorca y en dirección nordeste llegó a la Cala de Sant Vicenç, donde naufragó.

La investigación de este naufragio del siglo VI a. C. ha aportado una información muy valiosa sobre los contactos comerciales con los griegos

Una de las conclusiones a la que han llegado los arqueólogos es que la nave tenía como destino esta cala de Pollença y que no llegó a ella por casualidad o desviada de su ruta original por un temporal. Este dato es muy importante porque nos da una información que hasta ahora desconocíamos: los contactos comerciales (probablemente de no mucha entidad) de las colonias focias (los griegos que se establecieron en Emporión, Massalia y otros puntos del norte del Mediterráneo) con los núcleos de población de la zona, muy bien comunicados con la Cala de Sant Vicenç.

Obviamente, el cargamento ha sido objeto de especial interés a la hora de estudiar este pecio. De todo el material que se ha extraído e investigado se ha hecho difícil establecer de manera categórica lo que formaba parte de la carga comercial y lo que eran los elementos propios del barco y de su tripulación. Así y todo, se ha establecido que la carga era muy heterogénea y que respondía con seguridad a una demanda muy diversificada. Los arqueólogos encontraron restos de vino, aceite, perfumes, metales elaborados en forma de herramientas, metales semielaborados, armas, vajilla muy diversa para diferentes usos, molinos para moler trigo, etc.

Las ánforas encontradas indican dos grandes áreas de origen: la griega y la magnogriega (el sur de Italia y Sicilia), lo que refuerza la idea de que el norte de Mallorca figuraba en la ruta comercial del Mediterráneo septentrional.

El barco hundido es por sí mismo uno de los tesoros más preciados que se encontraron en estas campañas. Se trata de una nave, de una eslora de entre 20 y 22 metros, construida mediante un sistema que une las piezas del forro con unas clavijas y que las fija con un sistema de cosido. La técnica utilizada supuso un gran avance tecnológico para su época. Así pues, esta embarcación es la nave griega más grande jamás construida con esta técnica de todas las que se conocen hasta ahora, con una capacidad de carga de unas treinta toneladas.

Se cree que el barco llegó hasta la Cala de Sant Vicenç y que fondeó en ella. No obstante, todo hace pensar que una vez que estaba anclado en la cala, un temporal rompió los amarres de las áncoras, que no se encontraron durante las excavaciones, y las olas lo empujaron hasta las rocas semisumergidas que hay delante de la playa de Cala Barques, donde le abrieron un agujero de cerca de un metro. Las corrientes propias de la cala llevaron el barco, que debía de flotar entre dos aguas, hasta el lugar en el que se encontró 2.500 años después.

La excavación y el estudio del barco hundido en la Cala de Sant Vicenç han supuesto un gran paso para la arqueología de Mallorca y para el conocimiento de la navegación en la Antigüedad, pero, sobre todo, nos han aportado una información muy valiosa sobre los contactos que tenían los habitantes del norte de Mallorca en el siglo VI a. C. con los comerciantes griegos. Pero volviendo a los versos de Homero que abren este artículo, me pregunto qué fue de la tripulación de la nave. ¿Alguien pudo llegar a tierra? ¿Y el piloto? ¿Terminó con la cabeza entera? Seguramente nunca lo sabremos.

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