EL VINO DE LA SERRA DE TRAMUNTANA
La presencia del vino en las Islas Baleares es una constante en nuestra historia y en nuestra cultura. Según el historiador Pau Marimon Ribas, la aparición del vino en las Baleares se tiene que situar a partir del establecimiento de los fenicios en Ibiza en el siglo VII a. C. Desde sus asentamientos en las islas menores de las Baleares, los colonos fenicios se encargaron de la distribución del vino a Mallorca y a Menorca. Según Marimon Ribas, de todos modos, la implantación definitiva del vino como parte de la cultura mallorquina se produce a partir del año 123 a. C. con la conquista romana y el debilitamiento de la actividad comercial de Ebusus. Los vinos de Mallorca disfrutaron en el mundo romano de un elevado prestigio, como testimonia Plinio el Viejo en la obra Historia natural, en que compara los vinos baleares con los mejores de Italia.
La producción de vino en Mallorca no se detiene con la presencia árabe y, de hecho, se mantiene de manera ininterrumpida hasta el siglo XIX. Los dos polos de producción principales fueron y son, todavía, Binissalem y Felanitx. No obstante, la Serra de Tramuntana también ha tenido una abundante producción de vino desde hace siglos, recuperada recientemente gracias a la apuesta hecha en materia científica y técnica para recobrar variedades de viñas y de uva autóctonas y mejorar la calidad de la producción, así como la aparición de nuevas empresas que han invertido en la modernización del sector.

Cepas de malvasía en los bancales de Banyalbufar un día de verano © Foto: Gabriel Lacomba
Las primeras cepas de la variedad de malvasía llegaron a la Serra de Tramuntana hacia los siglos XV y XVI, seguramente procedentes de Italia
La modificación del paisaje ha sido una de las consecuencias patrimoniales más relevantes de la implantación de la viticultura
La plaga de la filoxera a partir de 1862 en Francia determinó que las décadas finales del siglo XIX fuesen una época de importantes exportaciones de vinos mallorquines, que salían de los puertos de Palma y Alcúdia. En el año 1891 la aparición de la filoxera en Mallorca acabó con este próspero negocio. En la Serra de Tramuntana el efecto de la plaga se notó de manera especial, hasta el punto de que llegaron a desaparecer variedades autóctonas de vino muy valoradas en su momento. El caso más emblemático es el de malvasía.
Las primeras cepas de la variedad de la malvasía llegaron a la Serra de Tramuntana hacia los siglos XV y XVI, seguramente procedentes de Italia. Era una variedad muy valorada dentro y fuera de Mallorca. Hay testimonios que hacen referencia al cultivo de malvasía por parte del archiduque Luis Salvador, así como al consumo que hacían las familias reales europeas, los palacios episcopales y la burguesía acomodada. La filoxera, como ya se ha comentado, provocó su desaparición. En el año 1995 solamente sobrevivía una cepa de malvasía. Gracias a la iniciativa de la Administración y a la de unos particulares (la Cooperativa Malvasia de Banyalbufar) se ha podido recuperar la malvasía original mallorquina, de aroma fuerte y afrutado, como elemento patrimonial y de negocio. La recuperación, iniciada en el año 1995, no estuvo exenta de muchas dificultades y fue posible por la asociación de diversos propietarios de pequeñas extensiones de viña que decidieron juntar sus producciones.
Otra empresa que ha sacado al mercado un vino de malvasía es la bodega Vinyes de Mortitx, que cultiva sus viñas y elabora sus vinos en una parte de la antigua possessió de Mortitx, en el municipio de Escorca. La plantación está situada a 400 metros sobre el nivel del mar, algo bastante singular –en España hay muy pocas viñas a esta altitud–, pero en un lugar protegido de manera natural por las montañas y abierto, al mismo tiempo, a la brisa marina. Vinyes Mortitx elabora varias variedades de vino blanco y tinto, además de una variedad de malvasía obtenida a partir de cepas importadas del extranjero.
La modificación del paisaje ha sido una de las consecuencias patrimoniales más relevantes de la implantación de la viticultura. Un ejemplo carismático son las marjades, los bancales típicos de la Serra de Tramuntana –utilizados también para otros cultivos, como el olivo–, técnica implantada en la época de la dominación árabe, gracias a la que se pudo sembrar viña en zonas escarpadas de la Serra de Tramuntana. Estos bancales constituyen hoy en día uno de los rasgos paisajísticos más valorados y espectaculares del paisaje de la comarca.



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