Mirador de la ermita de la Santíssima Trinitat en Valldemossa © Foto: Gabriel Lacomba

ERMITAÑOS EN LA SERRA DE TRAMUNTANA

Sabies que...

Subiendo desde el Coll de Son Gallard en dirección hacia el monte Caragolí, todavía podemos visitar la cueva en la que vivió un hombre al que llamaban "s'ermità Guillem". La sorpresa es que se trata de un lugar en el que se ha trabajado con mucho cuidado, con un huertecito, herramientas y mobiliario de un ermitaño, por lo que se tiene que visitar con mucho respeto.

"S'ermità Guillem", protagonista de diversas leyendas de la zona, llevó hasta este rincón de la montaña su manera de entender la vida. Murió en el año 1635 en el Hospital General, alejado de su refugio particular, excavado en la roca, y del contacto íntimo con las montañas.

Bibliografia


Son diversos los autores que han tratado la vida eremítica en la isla de Mallorca. Una buena parte de los libros que tocan este tema ponen también una atención especial en la figura de Juan Mir i Vallés. Un buen ejemplo es Ermitaños de Mallorca: Juan Mir y su obra, de Antonio Gili i Ferrer (1988). El vínculo de los ermitaños y Valldemossa es tan fuerte que además podemos encontrar numerosas referencias a la figura de los ermitaños en libros de historia del municipio como el del historiador Juan Muntaner Bujosa, escrito conjuntamente con José Francisco Argente Sánchez, Introducción a la Historia de Valldemosa, Ayuntamiento de Valldemossa y Caixa d'Estalvis de les Balears "Sa Nostra", Mallorca (1980).

El lulista José María Sevilla Marcos trata el tema en El que sé de Miramar, Publicacions del Centre d'Estudis Teològics de Mallorca, número 43, Mallorca (2009), y en particular en otro artículo, "Los ermitaños de Miramar, su trascendencia en la historia", ambos fáciles de encontrar en la red. También tenemos ejemplos recientes de interesantes artículos en la prensa, como el publicado en el Diario de Mallorca (18-9-10) por el maestro Bonifacio Morlada Pradas "Ermitans de Mallorca. Cercadors de Déu".

Crèdits

Disseny: www.lacomba.com
Text: Dídac Ruiz Coll
Assessorament lingüístic: Àngels Àlvarez

La Serra de Tramuntana ha destacado desde siempre por ser un emplazamiento con una profunda espiritualidad. Fue aquí donde se encontraron los santuarios talayóticos de naturaleza religiosa más antiguos de la isla, situados en Almallutx, en el municipio de Escorca. Esta tradición religiosa se ha extendido a lo largo de la historia. La Serra de Tramuntana ha sido el lugar preferido por numerosos ermitaños para llevar una vida alejada de la sociedad y centrada en el recogimiento y la oración. Esta vida eremítica parece que se ha concentrado en el caso de la Serra de Tramuntana en la zona de Valldemossa

En este paraje de la Serra de Tramuntana los ermitaños mallorquines encontraron el refugio de silencio que los primeros ermitaños cristianos empezaron a buscar en los desiertos de Egipto y más adelante en otros lugares como los bosques, pero también en otros emplazamientos más excéntricos como las copas de los árboles o lo alto de las columnas, como hacían los estilitas, capaces de pasarse años sin bajar de ellas.

Representación del venerable ermitaño Joan Mir de la Concepció © Foto: Gabriel Lacomba.

La Serra de Tramuntana ha sido el lugar preferido por numerosos ermitaños para llevar a cabo una vida alejada de la sociedad y centrada en el recogimiento y la oración

Fue Ramon Llull el primero que impulsó la vida eremítica desde el monasterio de Miramar; aunque solo estuvo dos años allí, consiguió agrupar a toda una serie de adeptos que continuaron su empresa desde diversos puntos de la zona: tanto desde el mismo monasterio como desde pequeñas ermitas primitivas a las que hoy se llama "Ses Ermites Velles", o desde los alrededores de la montaña de Es Teix. Todos estos emplazamientos están situados en enclaves donde aún hoy en día se puede sentir intensamente el abrazo de la naturaleza, donde es fácil quedar cautivado por el murmullo de los árboles agitados por el viento o por truenos resonando entre las paredes de las montañas. Estos espacios continúan transmitiendo una intensa espiritualidad, que combinada con una fuerte creencia religiosa los convierten en potentes lugares de culto donde entrar en contacto con lo divino.

Las ruinas de la antigua ermita dedicada a San Pablo y San Antonio (Ses Ermites Velles) en medio del bosque © Foto: Gabriel Lacomba

Además de Ramon Llull, fueron diversos los personajes que dieron un impulso eremítico a la zona. Antonio Castañeda, militar del ejército de Carlos I de España, abandonó la vida castrense para dedicarse a la religiosa y ocupó una cueva cerca de Sa Foradada. Su espiritualidad y actitud dejó una profunda huella entre los habitantes de la zona, que sirvió de ejemplo a algunas personas a la hora de incorporarse a la vida religiosa. Cabe destacar la figura de Catalina Tomás, en aquellos días una joven de 15 años que quedó impresionada cuando hizo caridad en la ermita de la possessió de Son Gallard. Otro ermitaño de importancia fundamental en la vida espiritual de la isla fue Juan Mir i Vallés de Alaró, fundador de la actual ermita de la Trinitat en Valldemossa, dedicada a San Pablo y San Antonio, que supuso un nuevo impulso para esta forma de vida en la isla.

Es muy curioso descubrir, aún hoy en día, rastros de anacoretas modernos, que se van a las montañas de la Serra de Tramuntana en busca de la paz anhelada, aunque muchas veces no los motiva un impulso religioso sino simplemente espiritual. Encontramos un ejemplo en esta especie de ermitaño que aparece en el libro Mallorca Mágica, de Carlos Garrido, basado en el reportaje que hizo Suso Rosselló en los años setenta en el periódico Baleares, un hombre que pasó largas temporadas en la montaña del Galatzó, donde estudió y experimentó las corrientes energéticas del lugar, y que afirmó: "El Galatzó tiene dos caras o paredes perfectamente diferenciadas por lo que respecta a las características magnéticas y radioeléctricas. Estas radiaciones -yo lo he experimentado personalmente- afectan a la personalidad y producen depresiones. Una extraña depresión que no se cura bajando. Para librarse de ella hay que subir hasta la cima y bajar por la vertiente sur. Entonces desaparece la angustia".


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