La Mola de S'Esclop © Foto: Gabriel Lacomba

EL ESPÍA Y LA SIERRA DE TRAMUNTANA

Sabías que...

Jules Verne conoció a François Arago y escribió varias novelas inspirándose en sus aventuras. El escritor, conocido por ser el precursor de la ciencia ficción, compartió tertulias con él y con sus hermanos en los salones de París. Fruto de estos encuentros, Jules se apasionó por las expediciones geodésicas. Aventuras de tres rusos y tres ingleses, La Jangada o Clovis Dardentor son algunas de las novelas que reflejan esta fascinación por las observaciones astronómicas y la creación del sistema métrico.

Bibliografía


François Arago y Mallorca

Autora: Elena Ortega
Editorial: Miquel Font
Año de publicación: 1999
www.miquelfonteditor.com

El libro recoge las vivencias de François Arago en las Baleares y aporta documentos históricos inéditos hasta entonces sobre la expedición. Se trata de un relato que repasa las múltiples anécdotas de una misión casi maldita. Un historia que narra el acercamiento entre dos naciones, España y Francia, para medir la forma de la Tierra y el alejamiento posterior debido a la Guerra de la Independencia.

Créditos

Diseño: www.lacomba.com
Texto: Alicia Vicens
Traducción al castellano: Maria Gené Gil

Todo excursionista que haya visitado la Mola de S'Esclop se ha preguntado cuál es el origen de las ruinas de que se erigen todavía en la cima. ¿Qué es eso? ¿Una pozo de nieve? ¿Un horno de cal? En realidad, los restos que resisten al paso del tiempo son los restos de la casita que François Arago se hizo construir mientras realizaba unas observaciones astronómicas en la Serra de Tramuntana.

François Arago tenía 19 años cuando le mandaron continuar la tarea de mesurar el meridiano de París que había empezado André Méchain años atrás. Antes de morir, el astrónomo Méchain formaba parte de una gran misión: extraer de la naturaleza un patrón de medida. Un patrón al que llamarían "metro" y que serviría para unificar los sistemas de medición de todo el mundo. Un ideal revolucionario que pretendía traspasar fronteras y ser "para todos los pueblos y para siempre".

Para conseguir un sistema que estuviera basado en la naturaleza y no en el palmo del rey de turno, los franceses establecieron que el metro sería la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano que pasa por París. Una vez establecidas las premisas, solo les quedaba medir el arco de meridiano. La primera expedición realizada por Méchain y Delambre se encargó de medir el arco desde Dunkerque, al norte de Francia, hasta Barcelona. Pero más tarde quisieron extender el arco más al sur y llegar hasta las Baleares. André Méchain murió en Castellón en plena expedición y fue sustituido por el joven Arago. François Arago, que era rosellonés, hablaba catalán, lo que fue determinante para que continuara la misión.

Les runes de l'observatori, a la dreta el puig de Galatzó © Foto: Gabriel Lacomba

La caseta del francès, como se la conocía popularmente, era en realidad un pequeño observatorio astronómico

La casita es, en definitiva, un recordatorio de la contribución de Mallorca a la expedición científica de medir el mundo

A este brillante joven los sucesos del 2 y el 3 de mayo de 1808 lo cogieron en la cima de la Mola de S'Esclop, en la cabaña desde la que realizaba las mediciones. La caseta del francès ("la casita del francés"), como se la conocía popularmente, era en realidad un pequeño observatorio astronómico. Desde allí medía los ángulos formados entre aquella montaña, la isla de Formentera y la cima de Camp Vell en Ibiza. Una triangulación que unía tres islas y que técnicamente resultaba compleja ya que se realizaba sobre el mar. Las mediciones se llevaban a cabo encendiendo hogueras en las diferentes cimas y midiendo las distancias con unas lentes muy potentes. Aquellas señales de fuego provocaron recelos entre los habitantes de la zona. Pero no fue hasta finales de mayo, momento en que llegó la noticia de que el pueblo español se levantaba contra la dominación francesa en la península, cuando Arago sufrió un peligro real. Los payeses de la zona se acordaron del francés que todas las noches encendía hogueras para comunicase con sus compañeros y subieron a buscarlo. Pensaron que debía de ser un espía.

Uno de los españoles que formaba parte de la expedición se percató de los hechos y corrió hasta la montaña para avisarlo. Arago se disfrazó con ropa de payés y bajó a Palma, con tan mala fortuna que fue interceptado por el pelotón que iba a apresarlo. Fue entonces cuando jugó la carta de la lengua. Arago sabía imitar muy bien los acentos, de modo que les habló en un mallorquín perfecto y les dijo que el espía francés que buscaban estaba en la cima de la muela. Los payeses continuaron y Arago consiguió llegar a Palma sano y salvo y con todos los cálculos de las observaciones realizados. En Palma pidió protección y terminó en el castillo de Bellver, donde ocupó el aposento de Jovellanos, a quien habían liberado días antes. No fue hasta dos meses más tarde cuando la misma persona que lo había ayudado a disfrazarse, el patrón Damià, consiguió un pequeño barco para escapar. Llegar a Francia no fue tarea fácil debido al conflicto bélico. Pero, finalmente, y después de casi un año, lo consiguió.

La casita que queda en la Serra de Tramuntana es, por lo tanto, testigo de una de las aventuras científicas del siglo XIX. Una historia romántica de espías que no eran espías, de jóvenes que se dedicaban a subir montañas y a triangular cordilleras y de la lucha por los ideales de la Razón. La casita es, en definitiva, un recordatorio de la contribución de Mallorca a la expedición científica de medir el mundo.

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