Camino de la Trapa, bordeando el mar, desde la Marina de Ses Basses y mirando hacia el norte, podemos contemplar esta magnífica perspectiva de la costa © Foto: Gabriel Lacomba

LA FASCINACIÓN POR LA SERRA DE TRAMUNTANA

Sabías que...

Jules Verne publicó Le rayon vert (El rayo verde, en la versión en español) en 1882. La leyenda del rayo verde inspiró también una película del director francés Eric Rohmer, estrenada en 1986, que no tiene nada que ver con el argumento de la novela de Verne. El filme gira en torno a una mujer que sufre la soledad y decide irse sola de vacaciones al mar. Una vez allí, diferentes circunstancias cambiarán por completo su vida.

Verne describe así el rayo verde: "¿Os habéis dado cuenta del fenómeno que se produce en el preciso instante en que el sol lanza su último rayo, si el cielo está completamente transparente? Pues bien, la primera vez que tengáis ocasión –¡se presenta tan raramente!– de hacer esta observación, no será un rayo rojo el que penetrará en vuestra retina, sino un rayo verde, pero de un verde maravilloso, un verde que ningún pintor puede obtener de su paleta. Un verde de la naturaleza que no se encuentra ni en las variedades verdes de los vegetales, ni en las tonalidades más transparentes".

Bibliografía


La guía de Josep Pla Mallorca, Menorca i Eivissa se puede encontrar en sus obras completas, en el volumen 30 de Edicions Destino. De las Memòries de Josep Maria de Sagarra hay diferentes ediciones. La mía es la segunda, de 1964, publicada por la desaparecida Editorial Aedos. En la colección de la MOLC, hoy en día difícil de encontrar si no es en una biblioteca o en una librería de segunda mano, se hizo una edición en dos tomos. El viaje a Mallorca se relata en el volumen 2.

De algunos títulos de Verne, La isla misteriosa, De la tierra a la luna, El rayo verde, etc., hay numerosas ediciones en español.

El relato de Cortázar El rayo verde se incluyó en su recopilación póstuma Papeles inesperados, Alfaguara, 2009.

Créditos

Diseño: www.lacomba.com
Texto: Jordi Martí
Traducción al castellano: Maria Gené Gil

Hay paisajes, ciudades y personas que nos fascinan por las mismas razones inescrutables e irracionales que explicarían, sin explicar nada, un enamoramiento. Son fascinaciones particulares que cada persona arrastra y que muy a menudo no son compartidas ni siquiera comprendidas por los otros. De manera todavía más inexplicable, también hay parajes que fascinan prácticamente a todos los que los visitan: por su majestuosidad, por su singularidad o por alguna cosa que va más allá de la comprensión racional de las cosas. Es difícil encontrar a alguien que haya visitado por primera vez la Serra de Tramuntana y no haya quedado cautivado por un sentimiento cercano a la fascinación. De estas fascinaciones por la Serra de Tramuntana han dejado constancia numerosos pintores y fotógrafos. También los escritores han intentado describir lo que parece que no puede ser descrito: la belleza de los paisajes montañosos y a la vez marítimos de la Serra de Tramuntana.

Uno de los casos de fascinación más poderosos lo sufrió el escritor argentino Julio Cortázar (Bruselas, 1914- París, 1984). En su relato titulado "El rayo verde" nos habla de su obsesión por el fenómeno del rayo verde que conoció después de leer la novela homónima de Jules Verne. El fenómeno físico al que hacen referencia ambos escritores se produce en una puesta de sol sobre el mar y con el cielo completamente transparente. En esta situación ideal se dice que es posible ver el último rayo del sol que toma una sobrenatural tonalidad verde que apenas dura un instante. No sé si el rayo verde es posible físicamente. Cortázar creyó que lo había visto un día de excursión en la Serra de Tramuntana. Dejemos que sea él el que lo cuente: "Ayer, desde el mirador del Archiduque Luis Salvador, miré una vez más hundirse el sol en el mar. Un amigo mencionó el rayo verde, y me dolió por adelantado que los niños presentes lo esperaran con la misma ansiedad con que yo lo había deseado en mi absurdo horizonte suburbano; ahora sería peor, ahora las condiciones estaban dadas y no habría rayo verde, los padres justificarían de cualquier manera el fiasco para consolar a los pequeños; la vida –así la llaman marcaría otro punto en su camino hacia el conformismo. Del sol quedaba un último, frágil segmento anaranjado. Lo vimos desaparecer detrás del perfecto borde del mar, envuelto en el halo que aún duraría algunos minutos. Y entonces surgió el rayo verde, no era un rayo sino un fulgor, una chispa instantánea en un punto como de fusión alquímica, de solución heracliteana de elementos. Era una chispa intensamente verde, era un rayo verde aunque no fuera un rayo, era el rayo verde, era Julio Verne murmurándome al oído: ¿Lo viste al fin, gran tonto?".

Tramo de la espectacular carretera entre Andratx y Estellencs © Foto: Gabriel Lacomba

Es difícil encontrar a alguien que haya visitado por primera vez la Serra de Tramuntana y no haya quedado cautivado por un sentimiento cercano a la fascinación

Cortázar creyó que había visto el rayo verde un día de excursión en la Serra de Tramuntana

Otros dos escritores que han experimentado la fascinación por la Serra de Tramuntana son los catalanes Josep Pla y Josep Maria de Sagarra. Ambos visitaron Mallorca en diferentes ocasiones y dejaron constancia escrita de hasta qué punto les había impresionado la Serra de Tramuntana. Sagarra rememora el primer viaje a Mallorca en sus Memòries, uno de los títulos fundamentales de la prosa catalana. Allí narra su visita a Sóller acompañado de Joan Alcover, una excursión a Miramar –Sagarra no nos dice nada de ningún rayo verde; su grado de fascinación no debió de ser tan fuerte como el de Cortázar– y la cálida acogida de la que fue objeto por parte de personalidades de la cultura y la literatura de Sóller, como el joven poeta Guillem Colom. Josep Pla escribió una guía titulada Mallorca, Menorca i Eivissa, en la que describe diferentes recorridos por la Serra de Tramuntana. El primer recorrido parte de Palma hasta Andratx y después sube hasta Estellencs y Banyalbufar. El tercero describe el típico recorrido de cualquier turista que visite por primera vez la Serra de Tramuntana: de Palma a Valldemossa, Miramar, Deià y, finalmente, Sóller. A Pla, sensible a la intervención humana, le impresionó especialmente la carretera de Andratx a Estellencs, "una gran carretera de cornisa, siempre entre montañas y cerca del mar, en una sucesión de paisajes de una belleza imponente".


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