La Pedra de s'Ase durante la puesta de sol © Foto: Gabriel Lacomba

LA PEDRA DE S'ASE, EL ESCONDITE DE MATEÍTO

Sabías que...

Mateu Mir Albertí también se dedicó al contrabando en Banyalbufar. Tenía controlada la costa y la presencia de guardias civiles gracias a un sistema de señales con banderas y trapos que utilizaba con un amigo suyo que vivía en el pueblo. Conocía muy bien el medio en el que vivía y tenía agilidad y una forma física envidiables. Se cuenta que una vez había quedado con unas personas de Palma para ir a pescar a La Pedra de S'Ase. Se encontraron en Banyalbufar y Mateíto les dijo que fueran en coche hacia La Pedra de S'Ase. La sorpresa de los de Palma fue que cuando llegaron al poblado, Mateíto ya estaba allí esperándolos. Había atajado por veredas y saltando por las rocas del mar. El sobrenombre de Mateíto se lo pusieron al regresar de Cuba porque nunca perdió el acento que cogió en la isla caribeña. Su mallorquín estaba repleto de expresiones cubanas, como "caray", "concho" o "auto".

Bibliografía


Cent anys de mestres d'aixa a Mallorca
Autor: Joan Palmer Grua
Editorial: El Tall
Año de publicación: 1994
El trabajo de los carpinteros de ribera queda recogido en esta obra que se presenta en dos volúmenes. Se trata de una valiosísima recopilación de todos los carpinteros de ribera que ha habido en Mallorca durante el siglo XX. Habla de las técnicas de construcción pero también de las vidas de unos artesanos que guardan sus saberes como un pequeño, o muy grande, tesoro. Uno de los capítulos del primer volumen está dedicado a Mateu Mir Albertí, en el que también encontramos la lista de las barcas que construyó.

Créditos

Diseño: www.lacomba.com
Texto: Bartomeu Homar
Traducción al castellano: Maria Gené Gil

La Serra de Tramuntana es mucho más que una simple sucesión de paisajes, una bella colección de postales o un catálogo idílico de montañas y valles. Es también la cuna de personas, algunas de las cuales, con el tiempo, se convierten en personajes que asociamos necesariamente con un lugar determinado.

Este es el caso de Mateu Mir Albertí, que fue más conocido con el nombre de Mateíto, vinculado inevitablemente con la aldea de La Pedra de S'Ase (Banyalbufar). Pero vayamos por partes.

La Pedra de S'Ase es un pequeño núcleo de casas, situado en el término municipal de Banyalbufar, que se encuentra justo debajo de Sa Torreta. Así llaman los vecinos de Banyalbufar a la torre de vigilancia del siglo XVI que en las guías turísticas y en las postales figura como "torre de Ses Ànimes", aunque hay que añadir que su nombre histórico es "torre de Es Verger". Esta pequeña aldea reúne unas cuantas casas de veraneo y todavía quedan restos de las antiguas casas de pescadores. También hay un varadero para las barcas, que además hace las funciones de playa. La Pedra de S'Ase es, en cualquier caso, un paraje precioso.

Mateíto en su cabaña. Foto: archivo de Antoni Mir Romero

Mateu Mir construyó quince laúdes, destinados a pescadores de Banyalbufar, de Esporles y de Estellencs

Presentado el lugar, nos queda ahora conocer al personaje. Mateu Mir Albertí, de sobrenombre Mateíto, nació en Banyalbufar en 1891. En este pueblo, los de más edad todavía lo recuerdan y los más jóvenes han oído contar anécdotas e historias de un personaje que con el tiempo lleva camino de convertirse en un mito.

Sin haber cumplido los veinte años, Mateu Mir emigró a Cuba y allí realizó diversos oficios, entre otros pescar esponja. Pero de pescador pasó a ser armador de un barco de trece metros que él mismo construyó. Con este barco se dedicó a transportar esponja, pero también carbón, animales y cualquier otra carga que se le encomendara.

En los años veinte, Cuba no se caracterizaba precisamente por la estabilidad política, y nuestro personaje se estableció en la ciudad de Tampa, en Estados Unidos. En este punto de la historia es cuando la leyenda y la realidad se confunden. Lo cierto es que la ley seca favoreció más que nunca el contrabando de ron desde Cuba hacia Estados Unidos. En este contrabando, Mateíto participó activamente y uno de sus clientes era, ni más ni menos, el célebre gánster Al Capone. Algunos aseguran que la relación con Al Capone fue tan estrecha que Mateu Mir llegó a ser uno de sus lugartenientes, otros dicen que solo llegó a chófer. Y otros, que el de Banyalbufar y el gánster más famoso de la historia mantuvieron solo una relación estrictamente comercial.

Sea lo que sea, Mateíto regresó a Cuba. A principios de la década de los treinta, Mateu Mir colaboró activamente con el general Mario Menocal, que se opuso al presidente Gerardo Machado. Se dedicaba al tráfico de armas y de hombres del general Menocal, hasta que debido a una delación fue capturado durante un desembarque. Mateu Mir pasó dos años de presidio en la isla de Pinos pero recuperó la libertad gracias a Fulgencio Batista, que mediante un golpe de estado hizo presidente a Carlos Mendieta. Mateu Mir Albertí fue nombrado presidente honorario de Cuba durante cinco años en agradecimiento a su apoyo a la causa y, sobre todo, por no haber delatado a nadie durante todo el tiempo de encarcelamiento.

Así pues, Mateu dejó la política y se dedicó a otros trabajos, como el de inspector de aduanas, que no es un mal trabajo para un ex contrabandista.

A mediados de la década de los cuarenta, un nuevo cambio de régimen político lo hizo huir de Cuba y Mateu Mir Albertí regresó a Mallorca, no sin antes vivir nuevas aventuras huyendo escondido en un bidón en un barco mercante.

Una vez en Banyalbufar, donde llegó con más o menos la misma fortuna con la que se había marchado porque tuvo que dejar todas sus pertenencias en la isla caribeña, Mateíto se estableció en una barraquita en La Pedra de S'Ase, a la que llamó "La Cabaña de Mateo", y se convierte desde entonces en todo un personaje tanto por las anécdotas que contaba de sus aventuras americanas como por las que generó en Mallorca.

En Banyalbufar se hizo carpintero de ribera (mestre d'aixa) y se dedicó a construir barcas. Hizo quince llaüt (laúdes), que se destinaron a los pescadores del pueblo, de Esporles y también de Estellencs. Su trabajo era absolutamente artesanal y lo realizaba todo él solo. Solo en ocasiones mandaba la madera al aserradero de Esporles para que le prepararan los tablones del forro de las barcas.

Murió en 1975, a la edad de 84 años. Dejó tras él toda una vida que se convirtió en leyenda, que él mismo se encargó de crear y dilatar. De forjar el mito se ha encargado el paso del tiempo.

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