Monumento dedicado a Alcover, junto a la plaza de la Reina © Foto: Gabriel Lacomba

"LA SERRA", DE JOAN ALCOVER

Sabías que...

"La Balanguera" es una de las primeras obras que Alcover escribió en catalán. El poeta la recitó por primera vez en una comida de intelectuales en el Gran Hotel de Palma. Miquel dels Sants Oliver y Gabriel Alomar dijeron que era lo mejor que había escrito hasta entonces. En la correspondencia de Alcover se ha encontrado una carta en la que confiesa a un amigo que el poema no era tan bueno como afirmaban. Pese a ello, en el año 1996, el Consell Insular declaró "La Balanguera" himno oficial de Mallorca. La versión más conocida es la realizada por Maria del Mar Bonet, aunque Chenoa también la ha interpretado.

LA SERRA (el poema)

«Copeo, copeo, copeo traïdor:
               roseta encarnada,
               si t'he agraviada
               jo et deman perdó...»

Qui me duu l'estrofa, plena de perfums,
abella brunzenta de la soledat?...
Quan de ma finestra, a encesa de llums,
estenc la mirada per damunt Ciutat,
i l'ànima mia s'enfonsa, llunyana,
               dins la serra immensa
que l'illa travessa, que l'illa defensa
               de la tramuntana,
llavors de la serra surt una cançó,
surt una harmonia que es torna visió:
«Jo vénc a parlar-te d'una vida d'or,
de la vida lliure que enyora ton cor;
som la camperola que presents te duu,
jo vénc de la serra, mes no som per tu.»

Oh flor de muntanya, fina morenor,
oh la pageseta que és una pintura
               i té la cintura
               com un gerricó!
L'aviram la volta amb gran voleteig
quan de matinada crida son estol;
amb capell de pauma se guarda del sol
quan rega els bellveures vora el safareig.
Per servir als pobres fumants escudelles,
confitar codonyes, adobar gonelles
o guarir les nafres, no hi ha millors dits;
               canta codolades
               i sap contarelles
               d'alicorns i fades
               i poals florits.
Al fons de la cambra porta a la padrina
el vas ple d'escuma de la llet que muny;
               encara és fadrina,
mes serà madona d'un terme de lluny.
La nit del dissabte, se posa a escoltar
i el cor d'alegria li bat en secret
quan dins la salvatge negror de l'estret
on la coma acaba, sent un eguinar
               que ella coneix bé.
és l'euga ensellada del pubill qui ve.
Arriba a la clastra, bota de la sella;
escomet els amos, escomet la filla,
               s'asseu devora ella;
               i encara no brilla
               l'estel del matí,
reprèn la tornada pel mateix camí.

I llavors la fosca de la nit que minva,
i tots els paratges, ecos i llumets,
els torrents que bramen al peu de la timba,
el matí que esclata en mil saluets,
els galls que desperta, les penyes que daura,
els bous que pasturen, el parell que llaura,
les viles disperses en la vall sublim,
el boc que corona la roca del cim,
               el gorg que no es mou
               dins la penya brava,
               com gota de rou
               dins una flor blava,
les dones que renten i la que entrecava,
olivars, pollancres, vinyes, sementeres,
molins i masies i castells roquers,
pel jove qui passa, plena de dolçor
de la festejada l'ànima xalesta,
               tot és una festa
               que canta d'amor.

Oh esquerpa cadena de puigs gegantins!
Oh la visió pura que ve d'allà endins,
               flor de rustiquesa
que em duu l'enyorança de la jovenesa!
Si per amoixar-li la cua penjanta
m'inclín a la jove, ella se decanta...

«Copeo, copeo, copeo traïdor:
               roseta encarnada,
               si t'he agraviada
               jo et deman perdó...»

Ella se decanta i desapareix;
i mentres s'allunya i se converteix
en llum solitari lo que era visió,
en llum solitari dins la majestat
               de la serralada,
tota silenciosa i tota nimbada
               de serenitat...
               encara ressona
               la veu argentina
               d'aquella fadrina
               que serà madona:
«Jo som la pagesa que presents te duu;
jo vénc de la serra, mes no som per tu.»

Oh esquerpa cadena de puigs gegantins!
Ginebrons balsàmics, estepes i pins;
sitges que negregen sota l'ausinar,
soleiada ardenta que besa el pinar;
ombra esmaragdina del fullatge espès;
càntics de revetlla que arriben al mar
de l'església oberta com un ull encès;
               mules trotadores
               que cascavellegen
               per la carretera
               del coll en avall;
               falles que flamegen,
               seguint la primera
               de les balladores
               en la nit del ball;
               soledat feresta
               on sembla que udola
d'obscur fratricidi la gòtica gesta;
trilleig de campanes que el vilatge endola;
endolats que resen i de dos en dos
cap al cementiri segueixen la caixa;
garrofers que freguen amb la branca baixa
les veles dels carros que van an el cos;
tonada del batre, cadència moresca;
mèl·leres que boten per dins la verdesca;
famílies que volten la font de salut,
i fruites que es fonen dins la boca fresca
plena de rialles de la joventut;
musa cançonera, vella rondallaire;
               sanitosa flaire
               de la pagesia;
               llumeneret blau
               que l'ànima atrau
               de la minyonia...
sou l'exquisidesa, sou l'encantament
               on l'ànima hi sent
               de la pàtria mia.

Créditos

Diseño: www.lacomba.com
Texto: Alicia Vicens
Traducción al castellano: Maria Gené Gil

En 1905 Joan Alcover es galardonado con la Flor Natural en el certamen literario de los Jocs Florals de Barcelona por su poema "La Serra". Ese mismo año muere de tifus su hijo Pere. Años atrás habían fallecido su esposa y una de sus hijas. Esta experiencia de la pérdida transformó al escritor para siempre. Por este motivo se le conoce como el "poeta del dolor". Desde entonces Alcover se refugia en la poesía y abandona su etapa anterior más trivial para convertirse en el poeta de la sinceridad.

Es en el paisaje mallorquín donde encuentra las correspondencias simbólicas con su estado de ánimo. Un espíritu de añoranza, de recuerdo de la vida rústica. Pero se trata de un recuerdo que se mezcla con la visión, con la alucinación, ya que no debemos olvidar que Alcover es de Palma, no ha nacido en el campo. "La Serra" es la apología de la vida rural hecha por un habitante de la ciudad. En el poema advertimos que el escritor se asoma por la ventana de su casa en el barrio de la Calatrava (Palma) y le vienen a la memoria los ecos de una canción campesina que le cantaban cuando era pequeño.

               Copeo, copeo, copeo traïdor
                              roseta encarnada,
                              si t'he agraviada
                              jo et deman perdó.

Alcover siente que este copeo le llega desde aquella sierra que se ve a lo lejos. Una Serra de Tramuntana que conoce por las visitas que hacía cuando era pequeño con su familia a la possessió (predio) de Son Martí, situada en El Capdellà. El poema "La Serra" es una visión de conjunto del espectáculo de la vida rural mallorquina. Es un paisaje poblado, animado, lleno de personajes. Él, desde la ventana, solo ve las lucecitas encendidas en las montañas y se pregunta cómo es la vida de aquella gente. Seguidamente hace una descripción y acaba exaltando el mundo rústico y convirtiendo aquel paisaje en patria.

Para Alcover el arte era utilitario. La poesía tenía que beneficiar al artista, a los pueblos y el propio arte. A él le sirvió para combatir el dolor. Aunque una vez afirmó: "Yo no tengo preferencia por el dolor como fuente de inspiración; es el dolor el que ha tenido preferencia por mí".

Joan Alcover, 1874. Biblioteca Alemany.

"La Serra" es la apología de la vida rural hecha por un habitante de la ciudad

El 6 de marzo de 1919, Alcover fue azotado nuevamente, esta vez de manera devastadora. El mismo día murieron su hija Maria y su hijo Gaietà, víctimas de la epidemia de la gripe. La primera murió en Mallorca y el segundo, en Barcelona. En una misma noche la muerte se llevó aquellas dos almas. Alcover se encontró una vez más desolado y desamparado.

Meses más tarde, el Ayuntamiento de Palma, como muestra de gratitud hacia el poeta, le comunicó la construcción de un monumento dedicado a su figura. Cuando se enteró, se negó rotundamente. No obstante, el proyectó tiró adelante con el entusiasmo de la población mallorquina, que contribuyó a sufragar los costes del monumento con suscripciones populares. La construcción es un homenaje al poema "La Serra". La fuente fue diseñada por el arquitecto Guillem Forteza y encima se erige una escultura de bronce de Esteve Monegal, que simboliza la figura femenina que aparece en el poema. Pero las obras de este lugar se atrasarían y Alcover no pudo ver finalizado el homenaje del pueblo mallorquín a su persona. La noche del 25 de febrero de 1926, Joan Alcover murió de pulmonía. Dos años después, la escultura de Monegal fue inaugurada en la plaza de la Reina de Palma.

Hoy en día este monumento dedicado al poema de Alcover pasa desapercibido para muchos ciudadanos. Son los turistas que se sienten atraídos por este pequeño jardín los que lo visitan. La sombra que ofrecen sus árboles y el agua que mana de la fuente lo convierten en un pequeño oasis en el que poder recobrar fuerzas. Un pequeño paraje natural en medio de una ciudad llena de humos y ruidos. Un pequeño pedacito de "La Serra" en Palma.

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