NIEVE EN LA SERRA DE TRAMUNTANA: EL ORO BLANCO
Disponer de hielo, de bebidas frescas o de helados durante el verano es muy habitual y nadie se plantea qué se hacía cuando no había neveras ni congeladores. Pero estos aparatos no han existido siempre, ni tampoco siempre se ha dispuesto de corriente eléctrica para hacerlos funcionar. Entonces, ¿cómo se las apañaban antes para tener hielo y para hacer helados?
Podríamos decir perfectamente que era la Serra de Tramuntana la que durante el invierno se convertía en una gran fábrica de hielo que, más tarde, durante los meses de primavera y verano abastecía al resto de Mallorca. Este sistema se ha venido a llamar "industria de la nieve" y ha derivado en una profesión, la de nevero. Este proceso nos ha dejado todo un patrimonio etnológico y arquitectónico todavía visible en la Serra de Tramuntana, así como un buen número de topónimos.
El sistema es muy simple. Se trataba de ir recogiendo la nieve para almacenarla en las llamadas cases de neu (o pozos de nieve) –literalmente, "casas de nieve". La nieve se recogía con cestas, palas, cubos… y se llevaba hasta el pozo de nieve.
El pozo de nieve era una cavidad excavada en el suelo que, con frecuencia, aprovechaba una sima o un agujero natural. Este gran pozo se tapaba con una cubierta de obra, una o dos vertientes y disponía de unas cuantas aberturas: una puerta por la que los neveros entraban para trabajar en su interior y unas ventanas (llamadas bombarderes en el catalán de Mallorca) por donde se vertía la nieve.

Pozo de nieve de En Galileu que el Consell de Mallorca acaba de restaurar © Foto: Gabriel Lacomba
La nieve se recogía con cestas, palas, cubos… y se llevaba hasta el pozo de nieve
Se han contado unos cuarenta pozos de nieve a lo largo de toda la Serra de Tramuntana, desde Puigpunyent hasta Pollença
La nieve se disponía en capas horizontales que se iban pisando durante tres horas para hacer bloques compactos de hielo. Cada capa se cubría con hojas de carrizo. Cuando el pozo de nieve estaba lleno y las capas llegaban hasta arriba se cerraban las puertas y las ventanas de la manera más hermética posible para que no se perdiera el frío y el hielo pudiera aguantar hasta bien entradas las épocas más cálidas.
Normalmente, a principios de la primavera (tradicionalmente el uno de abril) era cuando se volvía a abrir el pozo de nieve, y el hielo, extraído en bloques llamados "panes de nieve", se transportaba hasta los pueblos más cercanos, desde donde se distribuía posteriormente a Palma.
Los pozos de nieve se encuentran en cotas muy altas de las montañas de la Serra de Tramuntana, que a menudo superan los mil metros de altura. Por ello, bajar la nieve a los pueblos no era tarea fácil ya que se tenía que transportar de manera rápida y eficaz para evitar que se derritiera. Algunos pozos de nieve, como los del pico de En Galileu en el Massanella, disponen de un sistema de caminos que son una verdadera obra de ingeniería popular.
La nieve se dedicaba a usos preferentemente terapéuticos, pero también se aplicaba a la gastronomía. En medicina tenía usos muy diversos; por ejemplo, se utilizaba para hacer bajar la fiebre y para combatir las enfermedades relacionadas con espasmos nerviosos. También se aplicaba para hacer disminuir las inflamaciones en golpes, bultos y hematomas y, mezclada con aceite, se utilizaba para aliviar heridas de quemaduras.
En gastronomía, la nieve se usaba para hacer helados y bebidas frías y refrescantes. Se trataba de recetas muy simples y sencillas como el aigua llisa (literalmente, "agua lisa"), es decir, agua enfriada con nieve con unas gotas de zumo de limón. También había agua de canela y agua dulce, que era nieve con azúcar.
Se han contado unos cuarenta pozos de nieve a lo largo de toda la Serra de Tramuntana, desde Puigpunyent hasta Pollença, lo que nos da una información considerable sobre la importancia de la industria de la nieve en Mallorca.
Las primeras referencias históricas sobre el uso de la nieve en nuestra isla se remontan al siglo XIV. Desde entonces y hasta principios del siglo XX la utilización de la nieve fue una práctica muy habitual, aunque en el siglo XVIII fue cuando más fuerza tomó el papel de esta industria. La industria del hielo ha cambiado, pero ahora los glotones de los helados sabemos que nuestra golosina ya tentó a nuestros abuelos.



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