DONDE SISSÍ ENCONTRÓ UN ALMA GEMELA
De los muchos personajes que llegaron a formar parte del paisaje de la Serra de Tramuntana, uno de los más pintorescos era sin duda alguna el archiduque Luis Salvador de Austria. Una sobrina suya lo describió así: "Vive como un payés, solo lleva sandalias y pantalones de tela anchos. Su piel, quemada por el sol, es de color cobrizo. Trabaja sin parar en su jardín paradisíaco y en sus hermosas viñas".
Ciertamente, Luis Salvador lucía un estilo poco habitual entre los nobles de la época. Un día una familia noble mallorquina lo invitó a cenar, aunque previamente le hizo entender que debía vestirse de acuerdo con su rango. Así pues, cuando apareció vestido con el uniforme de archiduque causó una gran sorpresa. Muy contentos estaban los anfitriones hasta que se sirvió la sopa, momento en que Luis Salvador, frente a la mirada estupefacta de los presentes, la vertió dentro de los bolsillos y a continuación se puso de pie y proclamó: "Han invitado a mi vestimenta, no a mí. Ahora mi vestimenta ha cenado y ya puedo marcharme".
Incluso podríamos aventurar que este noble fue un precursor de los hippies si no fuera por una labor meticulosa de investigación que lo llevó a escribir –conjuntamente con todo un equipo de artistas y ayudantes– una obra etnológica sobre el archipiélago que es una referencia para los historiadores hasta hoy en día.
Profundamente enamorado de la belleza de la Serra de Tramuntana, se convirtió en propietario y protector de buena parte de la costa norte entre Deià y Valldemossa. Por otra parte, la Serra de Tramuntana lo protegía a él, puesto que se convirtió en su refugio lejos de las normas y los ceremoniales a los que se veía sometido cuando residía en el imperio austrohúngaro, gobernado por su familiar el emperador, un Habsburgo como él.

Templete de Son Marroig © Foto: Gabriel Lacomba
En Mallorca, Luis Salvador, de Habsburgo, había creado un imperio de los placeres sencillos
La esposa del emperador y la hija del carpintero conversaron como si fuesen viejas conocidas
Pero justamente por ser tan diferente se convirtió en confidente y buen amigo de otro miembro de esta familia: la emperatriz Isabel de Baviera, apodada "Sissí", que vino a visitar a Luis Salvador en tres ocasiones, habitualmente de incógnito. Fue a finales del siglo XIX. En una de sus estancias visitó S'Estaca, hoy propiedad de Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones. Allí se encontró con Catalina Homar, adorada por el archiduque, una chica mallorquina de familia sencilla que seguro que poseía un carisma tan potente como el paisaje que los rodeaba. Un testigo describe este momento que compartieron la esposa del emperador austriaco y la joven, hija de un carpintero, de familia de payeses mallorquines: "Las dos mujeres conversaron como si se conocieran de siempre".
Sissí recorrió a pie algunos de los caminos de la Serra de Tramuntana que hoy forman parte de la red senderista y, con Luis Salvador a su lado, soñó con esta libertad de espíritu que la Serra de Tramuntana consigue transmitir. Alguna vez acompañó al archiduque a un evento social en el Casal Solleric en Palma, pero sin dar su nombre verdadero.
Las viñas que hemos mencionado al inicio del relato, donde tanto le gustaba trabajar a Luis Salvador, producían unos vinos que gustaban –y de qué manera– a unos cuantos. El moscatel y la malvasía de S'Estaca, elaborados bajo la supervisión de la muy capaz Catalina Homar, consiguieron premios en exposiciones en Barcelona, Madrid, París e, incluso, en Chicago. Es posible que de algún modo llevasen la magia de la Serra de Tramuntana dentro, la misma magia que cautivó a un archiduque que huía de su posición social y a una emperatriz que encontraba la paz en el Mediterráneo. Personajes históricos que por unos momentos consiguieron escapar de las páginas de la historia para vivir la felicidad de las cosas sencillas. Tan sencilla como es la belleza de este paisaje hecho para enseñarnos a soñar.



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