Deià © Foto: Gabriel Lacomba

ROBERT GRAVES EN DEIÀ

Sabías que...

Robert Graves participó en la vida cultural mallorquina, pese a mantener para con los escritores locales la actitud respetuosa pero distanciada propia de un extranjero -por lo menos esta es la impresión que se tiene cuando se lee y escucha los testimonios de los que trataron con él. José Carlos Llop comenta la presencia del escritor en las calles de Palma en su libro En la ciudad sumergida, publicado recientemente.

Graves fue invitado, y asistió en algunas ocasiones, a las tertulias que todos los años organizaba Joan March Cencillo en la possessió de Son Galceran. Esta possessió formó parte del Miramar de Ramon Llull y, siglos después, la adquirió el archiduque Luis Salvador. En las crónicas de sociedad de los periódicos del año 1990 se comenta el homenaje que a la memoria de Robert Graves se dedicó aquel año en Son Galceran, con un discurso de su hija, también escritora, Lucía Graves.

Bibliografía


La mayor parte de la bibliografía crítica y de los estudios sobre la vida y la obra de Robert Graves están en inglés. La página web www.robertgraves.org, que dedica a Graves el Saint John's College de Oxford, donde se conservan los manuscritos y primeras ediciones del autor legados por su viuda Beryl, contiene buena parte de este repertorio bibliográfico. La web www.lacasaderobertgraves.com, sobre la casa del escritor en Deià convertida en fundación, divulga su vida y su obra.

Lo mejor para conocer a un autor tan prolífico como lo fue Robert Graves es leerlo. En español y en catalán hay numerosas traducciones de sus novelas más célebres –destaca, por su popularidad, Yo, Claudio–, así como selecciones de sus poemas –la traducción al catalán de Josep M. Jaumà de 160 poemas para Ediciones del Salobre es muy recomendable. También hay traducciones de sus textos biográficos más conocidos: Adiós a todo eso (RBA) y Por qué vivo en Mallorca (Olañeta).

Créditos

Diseño: www.lacomba.com
Texto: Jordi Martí
Traducción al castellano: Maria Gené Gil

En el año 1929 Robert Graves y Laura Riding se establecieron en Deià, siguiendo el consejo de Gertrude Stein, a quien habían conocido en la Alta Saboya. Con su típica ironía, Gertrude Stein les aseguró que "Mallorca es el paraíso, siempre y cuando puedas soportarlo". Hicieron mucho más que soportarlo: formaron parte de él.

Después de una experiencia traumática en la Primera Guerra Mundial, Graves se estableció con su primera mujer, Nancy Nicholson, y sus cuatro hijos en Oxford, pero el ambiente de la universidad lo agobiaba. Uno de sus pocos amigos íntimos fue T. E. Lawrence, "Lawrence de Arabia". Además, le costó muchísimo superar las secuelas psíquicas de la guerra y su situación económica era muy precaria. En 1925 conoció a la escritora americana Laura Riding, que se fue a vivir con la familia, primero a Islip y después al Cairo, donde Robert Graves tenía un contrato para trabajar como profesor de literatura inglesa en la universidad. Los problemas conyugales se agravaron y el matrimonio decidió separarse. Robert y Laura viajaron al extranjero y decidieron no volver a Inglaterra. Robert Graves explica los motivos de ello en su autobiografía Adiós a todo eso, un documento impresionante sobre la experiencia bélica y un rechazo de la hipocresía de la sociedad británica.

Robert Graves y Laura Riding quedaron fascinados por Deià desde el primer momento. En el año 1932 se construyeron una casa en las afueras del pueblo, Ca n'Alluny, sede actual de la Casa Museu i Fundació Robert Graves. Este primer período en Deià fue muy fecundo. Graves instaló una imprenta en su casa y publicó bajo el sello The Seizen Press algunos de los libros que más fama le dieron: las novelas Yo, Claudio, Claudio el dios y su esposa Mesalina y El conde Belisario, así como varios poemarios.

Durante la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial, Robert Graves se vio obligado a abandonar Mallorca, pero regresó a la isla cuando acabó la contienda europea, esta vez acompañado por su nueva esposa, Beryl Pritchard. Graves vivió en Deià hasta su muerte, en 1985. Su tumba se encuentra en el pequeño cementerio del pueblo.

La tumba de Robert Graves en el cementerio de Deià © Foto: Gabriel Lacomba

Robert Graves y Laura Riding quedaron fascinados por Deià desde el primer momento

Ca n'Alluny fue el punto de encuentro de numerosos escritores y artistas amigos de Robert Graves, que se alojaron en la casa en diferentes momentos

Ca n'Alluny fue el punto de encuentro de numerosos escritores y artistas amigos de Robert Graves, los cuales se alojaron en la casa en diferentes momentos. Entre otros, cabe destacar las visitas de los novelistas Kingsley Amis, Allan Stillitoe y Gabriel García Márquez, de los actores Alec Guinness y Peter Ustinov –este último acabó viviendo en Mallorca, concretamente en el término municipal de Calvià– o, incluso, de un Stephen Hawking de 10 años acompañado de su madre, compañera de universidad de Beryl, la esposa de Graves. Entre estas visitas, destaca la de la actriz Ava Gardner, que se hizo amiga de la familia y pasó algunas temporadas en Deià. Se ve que a Robert Graves, que ya había cumplido los sesenta años, le resultaba especialmente estimuladora y perturbadora la presencia de la bellísima actriz, y le dedicó un poema llamado "No dormir", en el que explica sus alegres insomnios durante las visitas de la actriz. Según cuenta Ava Gardner en sus memorias, no hubo ninguna relación física entre ellos, pero una cierta excitación contenida y un cierto enamoramiento eran mutuos.

Muy querido por la gente de Deià, Robert Graves consiguió, con su sola presencia en el pueblo, convertir este fabuloso rincón de la Serra de Tramuntana en un lugar conocido en todo el mundo. Visitaron Deià, especialmente a partir de los años sesenta y setenta, durante la época hippie, numerosos artistas y músicos: el pintor Mati Klarwein –conocido por sus ilustraciones de los primeros discos de Santana–, Kevin Ayers, Mike Olfield, etc. Algunos se instalaron definitivamente en el pueblo y otros solamente pasaron una temporada. Lo que se puede afirmar con seguridad es que sin Robert Graves la mitificación posterior de Deià, pese a la espectacularidad de su paisaje, no hubiera llegado a un grado tan elevado.


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